martes, 7 de julio de 2009

Los "tories" y la Unión Europea


Desde hace ya tiempo, las noticias que nos llegan sobre la política británica no dejan de ser algo descorazonadoras. Si bien la grave crisis que padecemos está dejando huella en todo el mundo, tiene una especial significación el el Reino Unido, por cuanto su, hasta hace poco, sólido sistema financiero constituía no sólo un pilar económico principal, sino también un motivo del orgullo nacional postcolonial.


En este contexto y con un gobierno laborista claramente desgastado y en declive, parece lógico que el ambiente político se encuentre revuelto y que, en ocasiones, los partidos actúen con cierto desconcierto buscando resituar su posición.


Sin embargo, nada de esto es suficiente para explicar la sorprendente decisión del Partido Conser
vador Británico de renunciar a integrarse en el Grupo Popular Europeo dentro del Europarlamento y fundar uno nuevo con un atomizado grupo de partidos de corte marcadamente tradicionalista, nacionalista, euroescéptico y en algunos casos con algunos rasgos propios de la extrema derecha.


Sin duda, los "tories" son perfectamente de hacerse el harikiri parlamentario al marcharse del primer grupo de la cámara europea, reduciendo así considerablemente su capacidad de influencia en numerosos asuntos que, les guste o no, afectan a todos los ciudadanos británicos. Sin embargo no deja de ser inquietante que un partido con más que amplias posibilidades de gobernar el Reino Unido, se eche al monte y desprecie a socios más que fiable, para abrazar compañías peligrosas.


Buena muestra de esta maniobra, que no deja de ser algo "antisistema", es el apoyo de nada menos que el Partido Conservador Británico al partido -afortunadamente marginal- de extrema derecha Alternativa Española, hasta el punto de que David Hannan, eurodiputado conservador británico, no tuvo inconveniente en grabar un vídeo pidiendo el voto pra la candidatura de Alternativa Española, todo ello ante la incredulidad del Partido Popular, su tradicional aliado.


Nos encontramos en un momento crucial, en mitad de una crisis global que refleja con claridad la necesidad de articular mecanismos de cooperación y respuestas comunes a los problemas. Por esta razón, resulta francamente inquietante constatar que el Partido Conservador Británico está dispuesto a remar en dirección distinta al resto y a convertirse en la manzana podrida que la UE no necesita.



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