jueves, 4 de junio de 2009

Votar un Futuro


Escribo como ciudadano español y europeo, más allá de mi condición de militante del PSOE desde los 18 años. Hago un llamamiento al voto, lo más objetivo posible, en las elecciones europeas del próximo domingo 7 de junio.

Intentaré no atosigar, porque intuyo que esta última semana de debate y este mes de campaña han podido agotar mucho. Sólo una pasión desmedida puede digerir tantos mensajes de unos y de otros. A veces sin dirección alguna, a veces sin sentido alguno. A veces absurdos, incluso burdos.

No utilizaré ningún dato económico. Tampoco haré alusión a ningún nombre. Por supuesto, no le daré promoción a ninguna banda armada, ni a ninguna organización episcopal. Pediré lo que nos sobra a todos los españoles: sentido común, responsabilidad y compromiso ciudadano.

Ahora bien, quiero hacer un ejercicio de reflexión en voz alta.

… ha habido una forma de hacer política y otra de intentar destrozar el arte de gobernar el espacio público.

Ha emergido una forma de actuar y gobernar fresca, directa y capaz de reconocer sus errores, y ha vuelto la vieja forma de confundir a los ciudadanos entre marismas de datos, ideas faltonas y miedos antiguos.

Unos animan humildemente a votar y otros miran con soberbia la voz de unas urnas que desprestigian e incitan a no visitar.

Unos han intentado dialogar, lográndolo casi en su totalidad, con todas las fuerzas políticas y todos los segmentos que componen la sociedad, y otros han golpeado constantemente sin ofrecer alternativa posible.

Unos se han preocupado por los más desfavorecidos tanto social como económicamente y otros han dedicado su tiempo a generar dudas e incertidumbres intangibles.

Unos han querido a un país en su conjunto, con su diversidad rica y generadora de riqueza, y otros han invocado a viejos fantasmas dividiendo a una sociedad que, después de dos siglos de Historia encontrada, dividida, enfrentada, está viviendo (y disfrutando) los mejores años de su Historia Contemporánea.

¿España está tan mal? Estamos bien, vamos a estar mejor.

¿España se rompe? Nos van a dar el campeonato del mundo al país más flexible.

UNOS HAN GOBERNADO UN PAÍS Y OTRO HAN ABANDONADO UNA IDEA DE PAÍS.

Votar es un derecho que hace unos pocos años estaba prohibido.

Votar, pues, es una obligación y responsabilidad que tenemos las generaciones actuales con las generaciones que lucharon por ese derecho hace muy pocos años.

Son estas razones por las que animo a votar en masa el próximo domingo. La Unión Europea inicia un nuevo camino después del recorrido los últimos 50 años y nosotros como españoles, no podemos dejar de votar y opinar qué modelo de Unión Europea queremos. Y ese modelo puede ser el mismo modelo que ha generado en España una sociedad justa, solidaria, optimista, avanzada e igualitaria. El modelo que viene trabajando e impulsando el Partido Socialista desde 1978 con la democracia española y desde 1986 cuando empezamos a formar parte de la Unión Europea.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bibi, vive y deja vivir!!!
Viva la mujer que no te interrumpió voluntariamente tu vida durante su embarazo!!!
Viva la madre que te concibió!!!
Subhumano
En 1930, Alfred Rosenberg en Der Mythus des 20. Jahrhunderts utilizar el término Untermensh (subhumano) para referirse a aquellos que, supuestamente, se hallaban por debajo de lo humano. El término hizo fortuna y en 1933, una publicación de la SS titulada precisamente El subhumano cargó contra los judíos indicando que pertenecían a esa categoría. En 1942, la Oficina principal de la raza del III Reich distribuyó un panfleto titulado Der Untermensch (El subhumano).

El texto tuvo una tirada de 3.860.995 ejemplares en alemán y además se tradujo a otras catorce lenguas europeas más. En la obra se señalaba que “el subhumano, que biológicamente aparenta ser una creación de la naturaleza similar con manos, pies y una especie de cerebro, con ojos y una boca, es, sin embargo, una criatura completamente diferente”. A esas alturas, el método nacional-socialista resultaba obvio. Para emprender con éxito la gigantesca tarea de exterminar a millones de seres humanos, antes había que desproveerlos de su condición de tales. Apelando a la ciencia – una ciencia risible, dicho sea de paso, judíos, enfermos mentales, personas con dolencias irreversibles fueron clasificados como algo vivo, pero no humano. Una vez colocados en ese grupo, la tarea del exterminio masivo podía llevarse a cabo con total tranquilidad. Y, efectivamente, así fue. Comento todo esto no por el gusto de desplegar ante el lector algunos datos poco conocidos de la Historia del nacional-socialismo alemán, sino para indicar que estaba prácticamente convencido de que el concepto de subhumano había quedado confinado a las páginas más siniestras de la Historia hasta que esta semana tuve ocasión de escuchar a la ministra Aído afirmando que un feto era un ser vivo, pero no un ser humano como había dejado de manifiesto la ciencia. Si en vez de escuchar semejante dislate con acento andaluz lo hubiera oído en alemán, les doy mi palabra de honor de que hubiera puesto mi mano en el fuego porque acababa de pronunciarlas un convencido miembro del partido nacional-socialista obrero alemán (NSDAP). Si la ignorancia es una eximente – y resulta más que dudoso – quizá la ministra sea inocente, pero esa circunstancia no se puede aplicar a Ángel Gabilondo, el ministro de educación. Cualquier persona decente habría respondido que las palabras de la ministra son, como mínimo, una majadería. Pero, interrogado sobre ellas, el señor Gabilondo prefirió escudarse en la frivolidad para no descalificar a su más que objetable compañera de gabinete. Para ser sinceros, no sé cuál de las conductas me parece peor, si la de una ignorante que priva a seres inocentes de su carácter humano para legitimar que se los extermine en masa sin el menor escrúpulo de conciencia o la del profesor universitario que, encaramado a una poltrona ministerial, se inhibe con una gracieta de denunciar semejante barbaridad. En el III Reich, hubo idealistas, no pocas veces semianalfabetos, dispuestos a ejecutar cualquier orden que procediera de su Führer como una señal de progreso, pero tampoco faltaron sujetos con más instrucción, ascendidos a cátedras o ministerios, que se limitaron a mirar hacia otro lado al ver cómo se expulsaba a los judíos de sus trabajos y se preparaba a la población para el baño de sangre. Se puede discutir quién tuvo más culpa del genocidio, pero sus bases quedaron asentadas cuando alguien afirmó que algunos seres humanos eran subhumanos.